Guatemala frente a sus contradicciones por Olmedo España

Todas las sociedades del mundo viven en medio de complejas contradicciones, acompañadas  siempre por la incertidumbre. 

Algunas naciones por ejemplo,  resuelven “aparentemente” estas contradicciones por la vía de la guerra. Sea esta  la agresión, la violencia, o bien la intolerancia al extremo. Poblaciones enteras hoy día son bombardeadas e indefectiblemente  mueren niños, niñas, mujeres, ancianos. El dolor en sus rostros causa angustia e imposibilidad de resolver los conflictos de toda índole, sean estos económicos, religiosos, étnicos, geopolíticos, entre múltiples causas. Las guerras del odio continúan destruyendo vidas, paisajes, historia cultural. 

Guatemala no es un caso aparte, porque también vivió hace poco una guerra injusta causada por la desenfrenada sed de “tener y no de ser”. Guerra fratricida y horrible. Fue la población campesina e indígena cruelmente masacrada. Comunidades enteras fueron golpeadas y otros salvaron sus vidas huyendo por las montañas o hacia otros países vecinos a donde no los alcanzara la furia del fusil. Esa historia de dolor aún no ha terminado porque quedan las secuelas del luto, de la pérdida de tantas cosas hermosas y “el miedo a la libertad” de alguna manera se apoderó de nuestras conciencias porque los usurpadores del Estado sembraron terror, temor y desconfianza. 

Cada noche que pasa, hoy día, me hace recordar las palabras de un amigo poeta ya fallecido que exclamaba: “por si amanezco mañana”.  Porque efectivamente es tal el nivel de descomposición social que pervive en nuestra sociedad, desconfianza y confrontación de unos contra otros, como si la guerra aún no hubiese terminado y ha quedado el temor que nos cubre como un manto negro de incertidumbre y perplejidad de que es lo que puede pasar con un país como el nuestro, que  según mis humildes percepciones, no tiene rumbo. No veo en el horizonte una luz, ni un movimiento social, ni una figura señera en quien confiar. Parece que la descomposición también se los comió y nos han dejado huérfanos en un desierto sin agua y sin ninguna sombra.  

Los bosques desaparecen, los ríos se contaminan casi al cien por ciento, no llueve, pero cuando esto si acontece, entonces son cántaros de agua que caen sobre laderas que derrumban barro y piedra destruyendo viviendas humildes y  escuálidos cultivos que se los lleva la correntada de agua y lodo. Se hacen cada vez más pobres porque las inclemencias del cambio climático, golpea más, a los hogares humildes.

Escasea la comida, abunda la migración, crece la desnutrición y el Estado es cada vez más ausente en el conjunto de la sociedad, con el agregado de la inseguridad y la violencia.

Todo parece ser que si los guatemaltecos no logramos encontrar la forma de entendernos al menos en “acuerdos mínimos”, nadie quedará  alegre y feliz porque los cataclismos sociales y climáticos, se profundizarán y las contradicciones existentes, no podrán ser superadas sino se ahondarán con un mayor peso de conflictividad social que será más temprano que tarde, de carácter espontaneo. O sea arrebatará a la fuerza la comida y el techo el cual les ha sido negado. El fuego de la desesperanza y la angustia asomará por todos lados y nuestros niños definitivamente no podrán tener una vida adecuada como seres humanos en una tierra, que por cierto es rica por su diversidad, pero pobre en la comprensión de la vida al servicio de la vida. 

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Ignacio EspañaComentario